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Manifestaciones cutáneas del COVID-19 en la piel

Por Joan Ferrando, dermatólogo, miembro colaborador de Fundación España Salud

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Compromiso, coordinación y frenesí científico

El SARS-CoV-2 es un nuevo coronavirus, pero existen otros que ya conocíamos. Su genoma es homólogo al SARS-CoV y al MERS-CoV, protagonistas respectivos del Síndrome Respiratorio Agudo Grave en 2002

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Vitamina D y fotoprotección

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La Ciudad Condal fue pionera en 2014 en cardioproteger estas instalaciones.

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Desafío COVID-19: ¿hacia dónde nos dirigimos?

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Covid-19: cáncer y crisis socioeconómica

LAUREANO MOLINS, médico e investigador, presidente de la sede en Barcelona de l’AECC Catalunya y miembro de la Fundación España Salud.

La pandemia que estamos sufriendo por la Covid-19 ha hecho que nuestro sistema de salud, público y privado, de atención primaria y especializada, domiciliaria, paliativos, sociosanitarios y de transporte sanitario se concentre, casi al 100%, en combatir sus consecuencias y prevenir su mayor extensión.
El esfuerzo titánico de auxilia-res, enfermeras, camilleros, personal de limpieza y cocina, médicos, personal administrativo y directivos, está haciendo posible que poco a poco podamos controlarla y que, más temprano que tarde, podamos empezar a pensar en volver a la normalidad.

Desde que empezó esta crisis y siendo conscientes de cómo afectaba a los enfermos de cáncer y su entorno, desde la AECC-Catalunya contra el Cáncer de Barcelona nos pusimos en marcha de manera urgente con la intención de reducir el impacto socioemocional y por lo tanto, mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por el cáncer, ajustándonos a las medidas de contingencia establecidas, gracias al proceso de digitalización que ya se había iniciado en nuestra entidad en los últimos años.

Después de un diagnóstico oncológico, los gastos médicos de una familia pueden aumentar hasta un 15%

Concretamente, con los voluntarios de la AECC con experiencia y habilidades de acompañamiento, porque ya realizaban su actividad en los hospitales y domicilios, estamos apoyando, mediante llamada telefónica o chat en línea, intentando reducir la sensación de soledad y contribuyendo a fomentar un mayor bienestar. Asimismo, nuestros profesionales (psicooncólogos, trabajadores sociales, fisioterapeutas y nutricionistas) han atendido, por vía telemática, a 581 beneficiarios en un total de 1.436 sesiones, cifra similar a las de antes de la pandemia.

Pero no sólo esta atención personalizada e inminente es importante, sino que somos conscientes de la emergencia socioeconómica que representa en esta población de riesgo en estos momentos y a medio plazo.

Una familia puede llegar a aumentar sus gastos destinados a la salud entre un 4% y un 15% después de un diagnóstico de cáncer, es decir, un gasto medio mensual entre 100 y 300 euros. Eso provoca un desajuste en su economía, llegando a tener que reducir los gastos de primera necesidad como la alimentación o la vivienda. Estas familias entran en extrema vulnerabilidad a causa del cáncer y estas cifras se ven aumentadas a causa de los efectos sociales de la Covid-19.

Por este motivo, desde la AECC hemos creído necesario promover la creación de un fondo de ayuda económica de emergencia para las necesidades sociales de enfermos de cáncer y sus familias, dotándolo inicialmente con tres millones de euros, y en concreto en Barcelona con más de 500.000 euros.

Este fondo de emergencia se pone a disposición de los que más lo necesiten con el objetivo de estar, más cerca que nunca, y de una manera concreta, con los que pasarán por una situación de mayor vulnerabilidad a raíz de la pandemia de la Covid-19. La idea es hacer un llamamiento a la población general y a las empresas para que se sumen con dotaciones económicas a este fondo y hacerlo crecer, abriendo la puerta a poder trabajar con muchas otras entidades sociales y autoridades públicas, para buscar soluciones al escenario que planteamos.

Solidaridad en tiempos de crisis

Ramón Brugada, Cardiólogo. Jefe de Servicio del hospital Universitario Josep Trueta (Girona)  y miembro fundador de la fundación España Salud.

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¿Qué ha pasado en España y qué pasará próximamente?

Pronto se cumplirá un mes desde que se decretó el estado de alarma sanitaria y la situación parece que progresa despacio, pero con atisbos de efectividad.

Dr. Enrique Ferrer Rodríguez. Neurocirujano. Miembro de Fundación España Salud.

Una vez aparecida en China y desde luego en Italia, se infravaloró el riesgo de una trasmisión masiva. Lo que tenía que ser una inofensiva gripe se convirtió en lo que es hoy el COVID-19

China es un país lejano respecto a España, con mucha relación comercial, pero con una colonia relativamente pequeña de chinos que estuvieran en contacto con el foco de Wuhan. En cambio, cuando alcanzó a Italia, país con el que mantenemos una gran permeabilidad, no supimos aislarnos y la transmisión de la infección vino sobre todo de allí, aunque no, exclusivamente.

El sistema sanitario español había sufrido constantes recortes desde 2008 con plantillas cortas y en estado de interinidad. Equipamientos justos u obsoletos en algunos casos. Ausencia absoluta de capacidad de desplegar actuaciones de emergencia en caso de necesidad. Ni siquiera se había estudiado un protocolo de actuación.

Estructura de Residencias de ancianos sin soporte médico suficiente o sin adscripción de un centro sanitario de referencia con control próximo. Envejecimiento de la población, con una curva demográfica espectacularmente desplazada hacia la derecha.

Ante un escenario de ausencia absoluta de equipamiento de protección y menos de detección, los primeros casos contaminan desde China y posteriormente, de forma más generalizada desde Italia generando desde diversos clusters: Rioja, Madrid y posteriormente Barcelona, la masificación de casos y la extensión de la epidemia en nuestro país.

Los pacientes, desorientados, comienzan a consultar con médicos en Ambulatorios y Hospitales e infectan al personal sanitario que no está protegido en ese momento.

Probablemente además de los entornos sociales de los enfermos, los propios sanitarios infectan a otros pacientes, familiares propios, visitantes etc.

Se declara la pandemia y nos encontramos con un escenario dantesco a nivel hospitalario. La mayoría de los sanitarios, a pesar de su buena voluntad en la prevención, se infectan porque nunca han dispuesto de las diferentes medidas de protección.

A nivel ciudadano no se contemplan medidas de distanciamiento ni de higiene, y se desaconseja el uso de mascarillas, excepto en personal sanitario y enfermos o sus acompañantes. No se ha demostrado cómo la infección se transmite por las pequeñas partículas nebulizadas por el individuo infectado, al toser, pero también al hablar, y cómo permanecen y se diseminan dichas partículas en un espacio cerrado, amén de la permanencia de otras partículas más pesadas con virus, depositadas sobre superficies pulidas, donde permanecerán por horas incluso algún día.

Los recursos sanitarios de España se encuentran bajo extrema tensión y saturación con un déficit de personal sanitario que no se ha podido proteger y el déficit de camas de UCI que ya sabemos.

Es muy difícil de prever una pandemia de este tipo. Cualquier gobernante tendrá serias dificultades a la hora de tomar decisiones graves. Como decía mi amigo el Dr. Toni Trilla, las epidemias son como partidas del siete y medio. Si te quedas corto te criticarán y la gestión será mala, pero si te pasas lo puedes perder todo. Apretar el botón de stop de un país es gravísimo y sus consecuencias deberán estar bien medidas.

No quiero justificar a nadie, pero es muy difícil acertar en todo. Aún recuerdo cómo nos preparamos ante una presunta epidemia de gripe hace unos pocos años. En aquel momento se adquirieron ingentes cantidades de vacuna que luego se perdieron porque la epidemia nunca se produjo.

Ahora estamos donde estamos y creo que con todos sus desajustes, errores y aciertos estamos en el punto máximo de contagios, a parte de los fallecidos que se producirán, desgraciadamente en las próximas dos semanas.

¿Qué pasará? Yo no soy un epidemiólogo ni siquiera un sabio científico experto en enfermedades infecciosas, soy un neurocirujano con largo recorrido, pero he seguido el problema de cerca, he leído, escuchado y me he desplazado a Asia recientemente, observando sobre el terreno qué es lo que ocurría. Tampoco soy un vidente o adivino ni nada de eso. Tengo bastante sentido común y aprendo con rapidez.

La previsión SANITARIA de la epidemia en nuestro país sería, en mi opinión, que hacia fin del mes de abril la epidemia habría cedido, pero mientras tanto, las medidas de confinamiento deberán prolongarse como mínimo hasta el 30 de abril. Es posible que, si los indicadores de la pandemia son adecuados y la respuesta del confinamiento después de un mes es favorable, que creo que lo será, el Gobierno se plantee desescalar algunas medidas para poder iniciar una puesta en marcha económica del país. Medidas de desescalamiento muy progresivas, que afectarán a la industria de soporte y podría iniciarse con una situación laboral parecida al 16 de marzo. Semana a semana se irán introduciendo medidas de relajación como puede ser, permitir el deporte individual en el exterior y la puesta en marcha progresiva de los transportes. Los mayores permanecerán algo más de tiempo en casa. Hasta el 30 de abril no se levantará el confinamiento de forma más sustancial y siempre progresivamente.

Todo ello pasa por el hecho de que la infección se contenga, que los Sanitarios y fuerzas del Orden y Ejército cuenten con medios de protección adecuados. Cuando veo los protocolos de protección de los chinos, me parece muy difícil de que aquí sea posible reproducirlos tal y como los realizaban ellos. Por el coste y por la disciplina y meticulosidad que seguían.

El capítulo de los test. Este es el punto primordial del control de la pandemia. En cuanto sea posible, la aplicación masiva de estas pruebas rápidas, que no son 100% fiables pero que ofrecen un rango alto de confianza, permitirán mapear a la mayor parte de la población. Digo bien: a la mayor parte de la población. Esto permitirá distinguir tres grupos de población:

  1. Los positivos al Covid-19. Los que están en la fase de contagio o de padecimiento de la enfermedad

a1) los que desarrollan la enfermedad

a2) los que nunca presentan síntomas de la infección a pesar de estar infectados y que por tanto, transmiten la infección sin saberlo

  1. Los que no se han infectado por la enfermedad y que por tanto, son susceptibles de contagio.
  2. Los que han padecido la enfermedad y tienen una inmunidad adquirida que es como si estuvieran vacunados por un período indeterminado de tiempo, no conocido en este momento

Este mapa permite varias cosas. El grupo “a” deberá ser vigilado y tratado hasta resolver la enfermedad, el 80% o más de la población. Posteriormente pasarán al grupo “c”

Los “b” deben seguir ciertas precauciones en la prevención de la infección y deberían incorporarse con mucha precaución.

El grupo “c “es el que podrá insertarse directamente sin tomar otras medidas de distanciamiento, aunque el control de la inmunidad a medio largo plazo deberá mantenerse hasta conocer la enfermedad mejor.

El grupo “b” quizás deberá ser tributario de un control de test a realizar periódicamente (quizás semanalmente) de forma rutinaria para poder circular con precaución y controlar el contagio comunal.

Por tanto, las medidas actuales de confinamiento pretenden controlar la epidemia y regular la entrada de pacientes en los hospitales y sobre todo en las escasas camas de críticos, con el fin de evitar la mortalidad evitable. Reducir el numero de victimas ahora es la prioridad.

Probablemente el cambio de estación sea un factor muy favorable para la extinción de este primer brote u oleada del Covid-19 y que, observando la distribución y comportamiento de la infección las diferentes etnias y latitudes, vemos como la virulencia es significativamente menor en los países cálidos, muchos de ellos con peores recursos sanitarios o preventivos de Salud Pública.

El caso es que a parte de armarse de los posible de recursos sanitarios para atender una segunda ola en otoño, entiendo que camas ocasionales, personal, equipos de protección extrema, el uso exhaustivo de test de detección del virus, deberá formar parte de nuestras vidas en aquellos que no hayamos pasado la infección. Está claro que muchísimos españoles ya han sido infectados y han superado la enfermedad sin mayor problema, pero queda un remanente de víctimas potenciales que deben protegerse frente a la enfermedad, muchos de ellos, los más vulnerables, que tendrían muchas menos posibilidades de sobrevivir a la enfermedad.

Desde el punto de vista de la erradicación de la pandemia la respuesta está en la obtención de la vacuna, que seguro que se desarrollará en menos meses de los previstos, pero difícilmente antes de los 6-9 meses próximos. Antes dispondremos de tratamientos específicos, inmunidad pasiva proveniente de los plasmas de pacientes que han tenido la enfermedad, fármacos adecuados, protocolos de tratamiento etc.

Toda la comunidad científica mundial está volcada en el desarrollo de la vacuna. ¿Quién la descubrirá primero? ¿China? ¿USA? ¿Europa? A partir de quién golpee primero, saquen sus propias conclusiones a cerca de las repercusiones que tendrá ganar esta competición.

COVID-19 y los efectos agudos en la salud mental

Dr. Diego Palao Vidal. Miembro de la Fundación España Salud. Profesor de Psiquiatría. Director Salud Mental Parc Taulí-Sabadell, Hospital Universitario-Universidad Autónoma de Barcelona. CIBERSAM.  @DiegoJPalao

La pandemia COVID-19 no solo está teniendo efectos devastadores sobre la salud física, sino que también está afectando considerablemente la salud mental de la población general, de los profesionales sanitarios y de los demás servicios comunitarios que se enfrentan a diario a la enfermedad, en una lucha contrarreloj para salvar vidas.

Inicialmente el principal problema está siendo la dificultad para adaptar los recursos a las exigencias de la infección: multiplicando las camas de hospitales y de UCIs, los equipos de protección -EPIs-, priorizando el cuidado de las personas infectadas por encima de cualquier otro problema de salud…

Para evitar el más que probable colapso del sistema sanitario, se han instaurado medidas de confinamiento, de “distanciamiento físico” para limitar la rápida propagación del virus. Estas medidas se han denominado erróneamente y de forma generalizada “aislamiento social”, un concepto que en psiquiatría consideramos un síntoma de enfermedad mental. Y es que, en realidad, lo que menos necesitamos, especialmente las personas mayores, es que la soledad y la falta de comunicación acaben por empeorar las cosas.  El “aislamiento social” puede incrementar la incidencia de una pandemia oculta que ya estábamos sufriendo intensamente y de la que no se habla demasiado, pero que es tan invisible y letal como la que está produciendo el coronavirus, me refiero a la depresión.  Según la OMS, la depresión es ya actualmente la principal causa de discapacidad por enfermedad en el mundo y, la pandemia COVID-19 y sus consecuencias sociales y económicas, a nadie se le escapa que puede incrementarla exponencialmente.

En los hospitales estamos siendo testigos diariamente de los efectos agudos en la salud mental del estrés intenso que está causando este virus, que se ha extendido con una rapidez inimaginable y que está segando tantas vidas, especialmente entre las personas mayores, en una situación de aislamiento que produce escalofríos. Las primeras víctimas de este estrés son las propias personas afectadas por el virus, que viven aisladas con angustia y temor, una enfermedad en muchos casos muy grave. Pero también son víctimas sus familias, que ni en sus peores pesadillas habrían imaginado estar aislados de sus seres más queridos en uno de los peores momentos de sus vidas y, más aún, si acaba teniendo un desenlace fatal. En estos casos las complicaciones del duelo pueden llegar a ser catastróficas para las personas afectadas.

Y, por último, pero no menos relevante, en los hospitales y servicios de urgencias estamos viviendo en directo los efectos del estrés de la COVID-19 entre los propios profesionales de la salud, aquellos que tienen la responsabilidad de cuidar a los enfermos en condiciones muy difíciles.  Los sanitarios están integrados en equipos poco menos que improvisados, junto a los que desarrollan tareas muchas veces alejadas de su trabajo habitual, con el objetivo prioritario de salvar vidas y, desgraciadamente en algunos casos, de reducir el sufrimiento en el final de la vida.

Es ahora, en esta primera fase de la pandemia, en la que tenemos que actuar con rapidez, eficacia e inteligencia si queremos prevenir las consecuencias ciertas de la COVID-19 en la salud mental de todos en diversos niveles. Pero lo prioritario es cuidar a los enfermos y a sus familias sí, pero potenciando la cercanía emocional, la comunicación empática y el contacto social, preservando el imprescindible distanciamiento físico. Como recordaba la Dra. Danuta Wasserman, del Instituto Karolinska, en una reciente carta de réplica a una editorial sobre COVID-19 de la prestigiosa revista Science: “utilicemos un lenguaje inclusivo, caminemos juntos, a dos metros de distancia, pero emocionalmente tan cerca como sea posible, #weareoneworld”.

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